hablamos sobre la FIABILIDAD de las APPS que analizan INGREDIENTES de productos

Seguro que os habéis topado en el supermercado con una persona haciendo malabares mientras trata de escanear el código de barras de un producto con la cámara de su teléfono móvil. ☎

Debéis saber entonces que al otro lado de la pantalla está Yuka, esa app milagrosa de la que todo el mundo habla (llegó a España en junio del año pasado, desde Francia) que lee los ingredientes de comestibles, bebidas o cosméticos (generalmente) e informa de los mismos, o directamente emite una puntuación o veredicto y dice si son saludables o no.

Yuka es la más famosa. Pero existen más. El CoCo, por ejemplo, desarrollada por varios nutricionistas y especialistas en salud. Toma el nombre de su start-up “el Consumidor Consciente”. O MyRealFood, la creada por el real fooder original Carlos Ríos.

Estas tres aplicaciones cuentan con un catálogo inmenso de productos que el propio usuario puede ampliar: si no encuentra información sobre un producto determinado, puede fotografiarlo, y también el código y la lista de ingredientes, y la app lo incluye. Antes, por supuesto, el equipo debe confirmar que los datos son correctos, luego introducen el producto en la base de datos.

Yuka lee alimentos, bebidas y productos cosméticos, mientras que El CoCo solo lee comestibles y bebida y MyRealFood únicamente piezas alimenticias.

Su forma de funcionar es prácticamente idéntica. Unas solo dan puntuaciones, otra además divide los productos en categorías, pero las tres (aunque seguro que hay muchas más) llegan al mismo punto. Claro que hay toda clase de extras. Algunas permiten registrar las comidas y el peso, o hasta muestran una detallada comparativa “comida buena versus comida mala” (ultraprocesada).

Sobre si son o no efectivas.

Yuka funciona con Nustriscore, el semáforo nutricional francés que allí se emplea desde hace ya muchos años pero que aquí se adoptó el pasado 2018. El propio Ministerio de Sanidad reconoció en su momento que aún necesita perfeccionarse, o sea que hay matices que tiene que afinar todavía.

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Los detractores de este tipo de aplicaciones denuncian su naturaleza “quimiofóbica”. La quimiofobia es el miedo irracional o fobia a los productos químicos.

El pro más grande (casi el único) de estas apps es que informan sobre la presencia de aditivos y dicen si el producto analizado es ecológico.

Para consultas en general cualquiera de ellas funciona, y su uso es más que recomendable (al final los parámetros que emplean están basados en recomendaciones de agencias de reglamentación europeas), pero solo como una simple guía.

¿Las conoces? ¿Las usas?

 

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