URBAN FEST

RANA PLAZA: el MAYOR DESASTRE HUMANO de la INDUSTRIA de la MODA

El 24 de abril de 2013, más de 1100 personas perdieron la vida tras derrumbarse uno de los mayores centros de fábricas textiles de Bangladesh.
Se trataba del Rana Plaza, un bloque de edificios de 8 plantas ubicado en Savar, una ciudad cercana a Dacca, la capital del país asiático.

El complejo, que alojaba actividades industriales, varias tiendas e incluso un banco, se vino abajo dejando más de 1000 víctimas mortales y 2400 heridos.

No era la primera vez que se producía una catástrofe en el sector, ni mucho menos. Sin embargo, sí fue la más devastadora y sirvió para abrir un debate sobre el modo de producción del siglo XXI.

Tras investigar los motivos que llevaron al edificio al colapso, se encontraron infinitas negligencias cometidas desde el momento en el que comenzó su construcción. El arquitecto que lo diseño declaró que el complejo se había diseñado en el año 2004, no para alojar talleres textiles ni fábricas, sino tiendas y oficinas.  Es muy probable que las infraestructuras del edificio no estuviesen preparadas para soportar la presión de la maquinaria o la fuerza de los generadores eléctricos.

Los trabajadores eran conscientes del riesgo al que se enfrentaban día tras día. El 23 de abril, día previo a la tragedia, los empleados de las fábricas informaron a sus superiores sobre la aparición de grietas de gran tamaño en el techo y en las paredes del bloque. Además, aseguraron haber oído ruidos parecidos a los de una explosión. Ante el riesgo de derrumbe, el edificio fue inmediatamente evacuado, pero no por mucho tiempo.

 

Al día siguiente, los dueños de las fábricas obligaron a sus subordinados a reincorporarse a la actividad manufacturera, asegurando que el edificio era seguro de acuerdo a los ingenieros y los funcionarios municipales. No es casualidad que el edificio fuese propiedad de Sohel Rana, uno de los máximos responsables del partido gobernante. Los intereses económicos, la corrupción y los compromisos con las grandes multinacionales en términos de producción eran una realidad, y sin duda motivaron las decisiones de los empresarios.

A las 9:00 de la mañana, el edificio se derrumbó por completo convirtiéndose en la mayor catástrofe de la industria de la moda atendiendo al número de víctimas y heridos. Fueron muchas las familias en las que todos los miembros perdieron la vida, incluidos niños, ya que ante la imposibilidad de llevarlos a la escuela o dejarlos con otros familiares, se veían en la obligación de acompañar a sus madres al trabajo.

Pocos días después del colapso, más de 20.000 trabajadores de fábricas contiguas al Rana Plaza se manifestaron exigiendo una mejora de las condiciones laborales y reivindicado su derecho a la seguridad y la dignidad. Las protestas fueron duramente reprimidas, en una redada que dejó heridos, e incluso muertos.

Las investigaciones a posteriori revelaron algunas de las marcas a las que el complejo proveía. Entre ellas se encontraban multinacionales como Inditex, Primark, Mango, Benetton o El Corte Inglés, además de empresas locales.

Aunque el escándalo trató de ser silenciado por parte de las autoridades locales y las grandes corporaciones que vieron su imagen en riesgo, la catástrofe no paso inadvertida y llevó a marcas como H&M, Mango o C&A a firmar un acuerdo en el que se prometía inspeccionar con regularidad las instalaciones con el fin de garantizar la seguridad del capital humano.

La realidad sigue siendo la misma a día de hoy. Países como Bangladesh, donde los trabajadores reciben menos de 30$ al mes, los sindicatos están prohibidos y la corrupción es una constante, ven como las grandes multinacionales se aprovechan de la mano de obra barata en un modelo muy similar a la esclavitud. El capitalismo salvaje tiene una cara oculta que nadie quiere ver. Mientras nosotros disfrutamos de nuestras nuevas compras y vemos “hauls” en Youtube, hay personas que trabajan en condiciones infrahumanas, son víctimas de la explotación y su vida parece no valer nada.

La ropa es cada vez más barata. El fast fashion, un modelo de producción masiva cuyo único objetivo es reducir costes y aumentar beneficios, se ha impuesto en las últimas décadas. Cadenas como Primark o Inditex nos han hecho creer que somos ricos por poder comprar con cierta frecuencia y poder permitirnos muchos de sus productos. Pero, en realidad, es todo una ilusión.

Los costes de producción de la prenda siguen estando presentes, incluyendo la distribución, el coste de los puntos de venta, los salarios, y por supuesto, un beneficio incuestionable para los magnates de la industria. Son los trabajadores de estos países los que sufren la consecuencia de la reducción en costes ya que no tienen alternativa. O aceptan, o aceptan. Si no quieren morir de hambre, se ven obligado a no rechazar estos trabajos y todo lo que implica: inseguridad, represión, explotación y pobreza. Los trabajadores de la industria textil han aguantado durante mucho tiempo, pero no podrán soportar el peso durante mucho más.

Texto: David Alarcón

#WAG1MAG

WAG1 club

♨️ Forma parte de WAG1 club y no te pierdas ninguna noticia ♨️