POR QUÉ debes INCLUIR LENGUAJE NO SEXISTA cuando HABLAS

¿POR QUÉ EL LENGUAJE NO SEXISTA ES IMPORTANTE?
No podemos permitir que el lenguaje se convierta en otra arma más de opresión y exclusión.

Seguro que has visto a alguien escribir “profesores y profesoras” o hacer uso de la “@” para buscar integrar en la comunicación a todas las partes. Hoy hablamos sobre por qué es fundamental usar un lenguaje no sexista.

En la segunda ola feminista, se publicó el libro de la lingüista Robin Lakoff, Language and Woman’s Place (1975), la primera investigación académica sobre el habla femenino. Lakoff puso el foco de atención en la relación de hombres y mujeres con el lenguaje y sus usos. Observó que las mujeres usamos un lenguaje políticamente más correcto, pero nos excedemos en el uso de calificativos innecesarios (bellísimo, muy bonito) que producen la sensación de falta de poder y decisión. Además de que señalara las desventajas que tenemos las mujeres a la hora de hablar, Lakoff también se esforzó en resaltar los aspectos positivos de nuestra comunicación para que seamos tratadas con el mismo reconocimiento.

Lakoff mencionó dos líneas de investigación para el estudio del lenguaje en hombres y mujeres.

La primera es la del enfoque de la diferencia, donde explica que los procesos de socialización no son iguales y no afectan de la misma forma a hombres y mujeres. El lenguaje acaba reflejando esas diferencias. El segundo paradigma es el enfoque de la dominación que acentúa que las diferencias se producen por la dominación del hombre sobre la mujer. El lenguaje se convierte en arma opresora y una forma de privilegio.

Ilustración Eneko

El lenguaje evoluciona y se actualiza, pero en la actualidad todavía es sexista. En nuestro lenguaje, las mujeres aparecen devaluadas porque no aparecen representadas de forma justa y equilibrada. El lenguaje que usamos no es neutro, es un reflejo de la realidad que observamos. Si evitamos hablar en femenino, el femenino no existe. Al evitarlo, nuestra imagen mental del medio se distorsiona. El ejemplo más cercano lo encontramos en usar el masculino como género para ambos sexos. Si nos encontramos en un lugar con diez hombres y una mujer, automáticamente los definimos como “ellos”. Sin embargo, seguimos atribuyendo el plural masculino incluso si el caso fuera a la inversa. 

Hacer del masculino el género total, nos lleva a la invisibilización femenina.
Si no existimos en la palabra, no existimos en el imaginario.

El lenguaje influye en nuestro pensamiento y actuación. Debemos ser conscientes del contexto sociocultural en el que vivimos y hacer de nuestra lengua un medio más para alcanzar la igualdad de género.
Tenemos los mecanismos y recursos necesarios para nombrar a todas las personas.

Texto: LAURA GRACIA

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