ASMR: el “orgasmo cerebral” ¿lo AMAS o lo ODIAS?

Un espasmo, un cosquilleo, un escalofrío… La sensación que provoca el ASMR ha sido descrita de muchas formas, pero sigue siendo difícil de estudiar y de explicar.

Entre otras cosas, porque no todo el mundo es capaz de sentirla.

Todo comienza con un estímulo sonoro, visual o táctil, que produce una reacción relajante y placentera que recorre distintas partes del cuerpo, a menudo iniciándose en torno a la zona craneal. Lo pueden provocar miles de situaciones: una voz susurrando, el sonido que se produce al verter un líquido, al pasar las hojas de un libro, cortar pastilina, tamborilear sobre distintas superficies con la punta de los dedos…

Existen personas que definen el ASMR como un “orgasmo cerebral” y también otras que, por el contrario, sufren un total rechazo. Hay quien piensa que no hay nada más repugnante que oír a alguien masticar, y razones seguramente no le faltan, y que por extensión, tampoco soporta ningún tipo de ruido hecho con la boca.

Existe una enfermedad, la llamada misofonía, que consiste justamente en la intolerancia a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser o también, por ruidos producidos al utilizar ciertos objetos.

Del goce y el relax a la ansiedad y el odio. El ASMR es un fenómeno de extremos.

El acrónimo ‘ASMR’ responde a las siglas “Autonomous Sensory Meridian Response”, es decir, “Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma”, la definición más exacta que hay hasta el momento sobre estas sensaciones que tienen enganchados a miles de usuarios en YouTube. Allí se acumulan los vídeos dedicados a esta técnica que se recomienda disfrutar con auriculares y de la que también se dice que, si se abusa, es más difícil llegar a sentirla.

¿Tú en qué bando estás?

 

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