¿cambiarías ORGASMOS por AMOR MILLENNIAL? 💥

“Lo que la mayoría de la gente entiende en nuestra cultura por ser querido es básicamente una mezcla de popularidad y atractivo sexual” dijo Erich Fromm.

Aunque parezca algo que podrías haber oído a tu tío el pedante que siempre se emborracha en las cenas de Navidad, voy a intentar justificar un poco por qué. El resto lo puedes investigar por tu parte.

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Nací, por suerte o por desgracia, en Castellón de La Plana. Como en muchas otras ciudades, durante la época estival, se produce un éxodo en busca de lugares lejanos al bullicio de la urbe. Muchos de nosotros elegimos como destino Benicàssim por su proximidad. Benicàssim más que por el Desert de les Palmes o la playa del Voramar (dónde Luis García Berlanga grabó ‘Novio a la vista’) es famoso internacionalmente por el Festival Internacional de Benicàssim (FIB).

Para muchos aquí, su primera toma de contacto con los festivales de música suele ser durante la pubertad. Pudiendo anticipar dentro del recinto los excesos (desde algún meneo en tiendas de campaña de otros a las drogas blandas y no tan blandas) que vendrán años después. De un tiempo a esta parte las apps de citas también son parte del atractivo del festival.

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Recuerdo utilizar Tinder con algo de entusiasmo hace años. Estuve unas horas hablando con una chica de marcada fisonomía británica y ante mi ofrecimiento de salir juntos de fiesta a una conocida discoteca cercana al recinto del festival, ella me contestó que mejor si me acercaba a su tienda de campaña. Su compañera de habitación había salido a emborracharse con vodka barato y Freeway cola y tenía la tienda libre unas horas para follar. Finalmente acabé yendo a la discoteca con varios amigos y dejé a mi amante virtual sola en su tienda (aunque no creo que le costara mucho encontrarme un reemplazo). Claro que me apetecía follar, de ahí el Tinder. Lo que no quería era enfrentarme a lo que supondría salir de aquella tienda semidesnudo habiendo follado con una desconocida y sintiéndome bastante peor de como me sentía antes de entrar en ella.

Aunque no lo parezca, Bauman ya habló de estos fenómenos hace más de 15 años.  Cuestiones como la paradoja de la comunicación: pese a que cada vez estamos más conectados a través de la red, cada vez nos resulta más complicado relacionarnos fuera del ámbito cibernético. Es casi como si nuestra generación hubiera estado asimilando todo un lenguaje nuevo, convirtiéndose en maestra de la red y su código, y dejando de lado los códigos del lenguaje físico. El propio autor de estas líneas confiesa sentir cierta incomodidad en el ritual de ir a comprar el pan, incomodidad que no aparece, curiosamente, al pedir Just Eat. ¿Será porque la interacción real es mínima?

Y es que la posmodernidad, y todo lo que ella conlleva parece seguir un ritmo inexorable. No solo la paradoja de la comunicación, también afecta a cómo creamos relaciones afectivas. Surge aquí una nueva paradoja, o varias superpuestas. En general cuando le preguntas a alguien qué busca en una relación, una de las palabras que más aparece es seguridad. La inseguridad que parece suscitar en los jóvenes la soledad no parece solucionarse con el sexo casual que tanto facilitan Tinder o Grindr ni tampoco parece convertirse en seguridad en una relación, y si lo hace siempre es algo que desaparece rápido.

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Nos olvidamos de tesoros como Bauman o Erich Fromm, que aclaran cómo cada vez somos más consumibles y menos personas, y cómo esto nos lleva a la ansiedad de consumo que no acaba. Vamos de una experiencia orgiástica en otra, sin preguntarnos nada, sin afianzar nada, sin recordar que somos seres sociales que requieren de vínculos fuertes. O al menos, los requerían.

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Co-escrito por Andrew Gimeno y Ciridae.

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